Cada hombre tiene un tesoro que lo está esperando
-Paulho Coelho-

martes, 30 de agosto de 2011

Mariposas

Un cúmulo en el estómago, un corazón amarrado, todo lo que se piensa y se desea. Esas pequeñas punzadas en la tripa, cada vez que te veo, se producen. No sé cuánto tiempo ha pasado ya, pero me sigue ocurriendo como el primer día. Si te miro, me turbo. Si te pienso, te amo más todavía. Son estas mariposas, que se niegan a irse y dejar de revolotear. Sin embargo, yo no quiero que se vayan...

Mariposas cuando estoy contigo
vuelan de mi ombligo hasta ti.
Son tantas cosas
las que harás nacer en mi...

lunes, 29 de agosto de 2011

Absurda cenicienta

La reina de nada es lo que fui, absurda cenicienta, así me sentí, perdida en un cuento real, ¿cómo puede ser? Repentinamente recordé que quise ser feliz, ay dolor, amor, dolor, dolor, no vuelvas más... Romperé, robaré, mi cuento de papel...

domingo, 28 de agosto de 2011

Stay

Estoy sola esta noche, perdida en este momento. El tiempo sigue resbalándose. Y si pudiera pedir sólo un deseo, te tendría a mi lado. Te extraño, te necesito. Y te amo más de lo que te amé antes, si hoy no puedo ver tu cara, nada ha cambiado, nadie puede ocupar tu lugar. Se vuelve más difícil cada día. Di que me amas     más de lo que me amaste antes. No quiero perderte nunca, si tuviera que elegir te elegiría a ti. Así que quédate, por favor quédate siempre. Eres el único al cual me aferro, mi corazón se detendría sin ti.

sábado, 27 de agosto de 2011

El miedo de Picasso

Pablo Picasso, considerado uno de los mejores pintores del siglo XX. Fue participe de muchos de los movimientos artísticos surgidos en la Europa de la época, y ejerció una gran influencia en muchos de los pintores de su tiempo. Como otros muchos, estuvo exiliado en Francia cuando la dictadura franquista afloró en España. Pero él no tuvo la suerte de vivir para volver a su querida Málaga, un año, sólo un año, y podría a ver vuelto a ver las tierras que lo vieron nacer noventa y un años atrás, pero la muerte no quiso dejar que ocurriera.
Esta obra a la que tituló Guernica, por el bombardeo ocurrido en el pueblo, del mismo nombre, en España durante la Guerra Civil, fue acallada durante el régimen. Finalmente el cuadro se expuso en Nueva York, sin embargo, Picasso, pidió que el cuadro fuera devuelto a España cuando la democracia volviera a reinar en el país. Y así fue, en 1981 la obra llegó a nuestro país, expuesta hoy día en el Museo Reina Sofía.
Como todo, la obra creo mucha controversia, y está considerada como el simbolo de terribles sufrimientos durante la guerra.
Un cuadro cargado de simbolismo que nadie supo ver, un cuadro desgarrador, lo que sufrió toda una población, todo un país, todo el mundo. Pero claro, estás viejas guerras que nunca nos dejan en paz:

Beso

Te miro, me miras, pienso. Mis ojos te estudian con timidez y deseo. De repente te abrazo y me abrazas. Por una fracción de segundo, me quedo sin aliento, mi respiración deja de funcionar y mi corazón late atolondrado. ¿Cómo puedes ser que me provoques tantas sensaciones juntas? 
Tras un momento, vuelvo a respirar, me besas en la mejilla y mi corazón vuelve a latir, parece que quiere salir de mi pecho. En ese instante ocurre, como ansiado, esperado, deseado y temido. Tus labios se posan suavemente sobre los míos y es entonces cuando despegas del cemento mis zapatos y escapamos los dos volando. Sólo se quedan tu cuerpo y el mío envueltos en este cálido e inocente... Beso

miércoles, 24 de agosto de 2011

Skyscraper


Da igual como te sientas, debes levantarte. No te dejes vencer, gana la batalla, apúntate otro tanto en tu camino. Síguelo a tu manera, sin dejar que nada te desvíe ni un solo centímetro. Porque tú puedes hacerlo, porque yo confío en ti y sé que lo superarás. Todos los caminos son difíciles, no tengas miedo a caminarlo, si te caes, no sufras. Levántate, lucha, asciende a lo más alto... Como un rascacielos.  

martes, 23 de agosto de 2011

Matilda, Palabras y Mis intentos frustrados de mover cosas con la vista

No hace mucho tiempo, decidí que quería estudiar el mecanismo más elemental que tiene el ser humano. Ese que nos acompaña desde tiempos antiguos, el que nos ayuda a expresarnos y a comprendernos mejor: Las Palabras. 
Desde muy pequeña siento fascinación por los libros. Recuerdo como mi madre se sentaba a mi lado en la cama por las noches y me leía un cuento, el que yo quería, el que más me gustaba. 
Según me cuentan, no toleraba que mi padre hiciera este trabajo. Al parecer prefería que fuera mi madre la que compartiera esos minutos de lectura a mi lado. Más tarde sí decidí que mi padre participara. Supongo que serán manías infantiles, pero el caso es que, mis padre siempre me han animado a leer. Yo los escuchaba atenta mientras ellos me leían cuentos que a mí se me antojaban maravillosos, sería después cuando yo empezara a leer por mi misma, sola, y en compañía de mi imaginación. 
El primer libro que leí yo sola, fue: La jirafa de otoño. ¿Quién lo puso en mis manos?, un Magister de los de verdad, una persona verdaderamente maravillosa, que al ver, el poco interés por la lectura que mostraban unos niños de siete años, se le ocurrió la idea de formar un grupo de lectura que se llamó: Los Leones y las Leonas de Primero de Primaria. Lo hizo de tal forma, que fue un auténtico juego para nosotros y nosotras. Nos leíamos un libro, nos sentábamos en la clase formando un corro, y nos lo contábamos. Al final del trimestre, el que más libros había leído se llevaba un premio: Un libro de la biblioteca que teníamos en la clase. 
Más tarde, observando el interés y el amor con el que se posaba un libro en mis manos, y el festín que se daban mis ojos devorándolos, mi padre decidió que era hora de llevarme a la biblioteca municipal. Cuando entré allí, mi cara fue un poema, y mi padre reía divertido. No paraba de observar los libros, me parecía mentira ver tantos libros apilados en las estanterías. Mi padre rellenó el carnet y cuando lo tuve en mis manos, jejejejeje, me dispuse a hacer de las mías. Así que decidí saquear la biblioteca, a lo que mi padre, viendo la pila de libros que traía en mis pequeños brazos, dijo que no. Recuerdo sus palabras como si fuera ayer:


-¿A dónde vas? 
-A casa con los libros -respondí.
-No puedes llevarte tantos libros -dijo con determinación.
-¿Pero por qué? -pregunté.
-Por varias razones. La primera es que no puedes leerte tantos libros a la vez, la segunda es que los libros van a estar siempre ahí, y la tercera es que no van a cerrar la biblioteca y podrás venir siempre que quieras a por más libros. Cuando te acabes los que ya has cogido por supuesto. 


Mi primera reacción fue fruncir el ceño, pero después lo comprendí y solté todos los libros. Podía coger dos libros como máximo, así que me decidí por uno de un gato, y el segundo fue el libro más fascinante de la historia, el que me sé de memoria, el que me volvería a leer aunque tuviera ochenta años: Matilda, de Roald Dahl. Aquel libro fue el culpable de que me pasara horas y horas, sentada en la silla de mi habitación, intentando mover la cuchara del yogur con la vista. Pero, para mi desencanto, nunca se movía, ni un centímetro. ¿Por qué yo no podía mover las cosas como lo hacía Matilda? Pero no, yo no me rendía, seguía entre cerrando los ojos, arrugando la nariz con todas mis fuerzas y... No pasaba nada. Viendo mi fracaso decidí dejarlo por imposible.
Me maravillaba el personaje de Matilda, yo también quería llegar a leerme tantos libros como ella, yo también odiaba a la señorita Trunchbull, yo también quería que la señorita Jennifer Honey fuera feliz junto a Matilda, y yo tampoco entendía por qué los papás de Matilda no la querían. 
El caso es que, después de Matilda, vinieron muchos libros más. Mi género favorito era (y es) la fantasía, de hecho, dicen que los niños que leen libros de fantasía, desarrollan más la mente. Ya que se tienen que imaginar un mundo que no existe, tienen que visualizar en su mente algo que no han visto nunca. No sé si eso será verdad o no, pero a decir verdad, no me cuesta visualizar sitios imaginarios, si lo confieso, siempre he creído que existen. 
Con el tiempo, me dí cuenta de que yo podía fabricar mis propias historias, que podía unir las palabras y escribir lo que quisiera. Y así empecé a escribir, fue cuando decidí que estudiaría para ser profesora de lengua, o lo que es lo mismo, estudiaría Filología Hispánica. Así me documentaría y aprendería sobre literatura, descubriría la historia, las diferentes etapas históricas que tuvieron que pasar para que la literatura evolucionara... Pero más tarde, mucho más tarde, me dí cuenta, ¿Por qué conformarme sólo con la historia, si puedo estudiar las palabras, nuestros orígenes, la etimología...? Y así es como ahora, a mis diecisiete años, tengo muy clarito lo que quiero hacer, lo que quiero estudiar, a lo que me quiero dedicar.  
Sin embargo, decir esto, no era el fin de esta entrada. Todo este repaso por mi infancia sólo era la introducción, para situarme. El verdadero fin de ésto, es una indignación. Cada vez que me hacen la preguntita (a la que voy a empezar a coger manía como sigan diciéndome lo mismo) de ¿Qué vas a estudiar cuando vayas a la universidad? Yo siempre respondo: Filología Clásica, bueno, en realidad, es un grado doble de clásicas con hispánicas, pero vamos, que más encaminado a lo primero que a lo segundo. Mi familia, y amigos, siempre me dicen: Pues muy bien, tú tienes que hacer lo que te gusta, y si es eso, pues adelante. El problema es, cuando los que preguntan, y a los que les contesto, son amigos de mis padres o conocidos, que siempre responden: Pues eso no tiene muchas salidas. Yo creo que vas a hacer cuatro años de carrera para nada. Lo estudios clásicos van a desaparecer, no te va a servir de nada. No hagas eso porque te vas a equivocar y verás después... Aquí es cuando a mí me gustaría decir un par de cosas bien dichas, pero como mi padre me conoce, siempre me mira y pone cara de: No le contestes, no merece la pena, tú vas a seguir haciéndolo, no le hagas caso. 
Entonces me trago mis palabras, y se me hace un nudo en el estómago. ¿Por qué los demás siempre intentan desanimarte de hacer lo que quieres?, ¿Por qué si sigo hablando con esa persona, me acabo dando cuenta de que lo que le importa de todo esto, es que haga una carrera con la que poder forrarme? Lo siento, pero me indigna mucho tener estás conversaciones, y no me ha pasado una ni dos veces, me ha sucedido unas cuantas. 
Pero bueno, en vista de que, haga lo que haga, no voy a convencer a nadie de lo contrario, he decidido unas cosas: 
1. Si me equivoco, me equivocaré muy gustosamente. Pero dejen que me equivoque.  
2. Si no les gusta la idea, no pregunten.
3. Yo seguiré en mis trece, y digan lo que digan los demás (valga la canción de Rafael) yo seguiré queriendo, deseando, y esperando para entrar en la universidad y ponerme manos a la obra. 
4. Y seguiré poniendo buena cara y una bonita sonrisa al que me pregunte, y como dicen los americanos con todo el orgullo del mundo: Sí, soy Americano (y eso mola), yo diré: Sí, voy a estudiar filología clásica (y eso mola) 
El por qué decidí estudiar esta carrera, lo he dicho muchas veces, pero no me cansaré de repetirlo. Estudio esta carrera porque me gusta, siento que quiero descubrir todo lo que ha rodeado a nuestros antepasados y nos ha influido a lo lardo de toda la historia. Quiero mirar una palabra, y desmontarla poco a poco para descubrir sus orígenes. Conforme lo voy descubriendo más maravilloso me parece, más emocionante lo veo, más curiosa me siento por descubrir (a pesar de que la curiosidad mata al gato, pero a mi me enriquece)... Me encanta, y pienso que es la carrera más bonita que puedo estudiar. 
¿Saben esa sensación de emoción en el estómago cuando vas a abrir un regalo de reyes y somos pequeñitos?, pues exactamente, lo mismo siento yo cuando descubro algo nuevo, cuando soy capaz, por mi misma, de ver una etimología. Cuando, después de muchos textos, soy capaz de traducir un texto en latín o en griego sin problemas. Cuando soy capaz de reconocer un aoristo, o de recordar las declinaciones completas... Y sí también lloro cuando hago un examen, y después de haberme hartado de traducir en mi casa, voy y lo hago regular cuando podía haberme salido muy bien. O confundo un genitivo con un dativo... Pero bueno, eso ya es problema mío. Llorar por los exámenes es algo que intento reprimir, pero debido a mi objetivo de superación, me afloran las lágrimas. A veces me da vergüenza que mis amigas me tengan que consolar por estas cosas, y me siento fatal por llorar con una pequeñez como esa habiendo doscientos mil problemas más graves en el mundo, pero no lo puedo evitar.
Lo dicho, seguiré con mi gran locura de estudiar filología clásica. Y seguiré con mi ansia devoradora de libros:
''Hay que reivindicar el valor de la palabra, poderosa herramienta que puede cambiar nuestro mundo''
William Golding

viernes, 12 de agosto de 2011

sábado, 6 de agosto de 2011

Lo que te conté mientras intentaba hacerme la dormida

Si alguna vez te he mentido... Te pido perdón
Si alguna vez te he fallado... Perdóname
Si alguna vez no te he escuchado... Lo siento
Si alguna vez no he estado contigo... No me di cuenta
Si alguna vez te hice daño... Te aseguro que no fui consciente
Si alguna vez dejé de amar a alguien por ti... Recuérdalo
Si alguna vez me impliqué demasiado y eso te agobió... Sólo intentaba salvar lo que ya estaba inerte.
Si alguna vez hablé demasiado... Solo intentaba tener un motivo para que te quedaras.
Si alguna vez estuve pendiente a todo cuento nos rodeaba... Tan sólo buscaba el paraíso que nunca tuvimos.
Y si ahora me voy... He descubierto que todo era mentira
Si cuando despiertes ya no estoy ahí... No me eches la culpa.
Por ti navegué en un mar lleno de tiburones, por ti fui a la deriva hacia ninguna parte. Por ti busqué mil formas de hacerte feliz y no las encontré. Por ti fui hacia los confines del mundo para demostrar sólo que te quería. Pero me cansé, me cansé de navegar en un mar dónde hasta las olas estaban muertas, me cansé de ir a la deriva hacia una isla inexistente, me cansé de buscar tu felicidad sin hacer caso a la mía propia, me cansé de ir hacia los confines del mundo para demostrar algo que tú ya sabías.
Si prefieres echarme la culpa a mí: hazlo, pero jamás olvides que soy una mujer en el mundo que hizo todo lo que pudo, no te olvides ni un segundo...

Hay demasiados corazones sin consuelo, y es demasiado frío este momento cuando siento que te pierdo...