Cada hombre tiene un tesoro que lo está esperando
-Paulho Coelho-

jueves, 20 de diciembre de 2012

Natividad y Epifanía

¡Qué de tiempo hacía que no escribía en mi querido blog!, pero es que la vida de universitaria, aparte de encantarme, me absorbe hasta lo inimaginable. Pero he querido aprovechar estas festividades que ya están aquí. El olor de los pestiños recién hechos embriaga las calles, las luces del alumbrado se confunden con los destellos de las estrellas que cubren el cielo de Jerez, los turrones son lo primero en nuestra lista de la compra... ¡Ha llegado la navidad!
Personalmente, es una de las celebraciones que más me gustan, tiene algo especial, algo que se escapa de lo acostumbrado... no sé, a pesar de estos tiempos tan difíciles, parece que todo se cubre de un inusual aroma de paz y alegría... seré yo, o será lo que simboliza esta fecha. Sin embargo, como siempre, todo se ensombrece. El ser humano, por alguna extraña razón (demasiado incoherente para mí) tiende a llevarse todo lo... llamémoslo "espiritual" a un terreno de locura e irracionalidad. Todo lo que tiene la más mínima connotación cultural tiende a ser desmembrado hasta lo absurdo y llevado al terreno comercial. Y sí, pasa con todo, necesitamos materializar lo que sentimos, demostrar (con objetos banales) que queremos a alguien, que nos alegramos de que alguien esté bien, o de que, en este caso, entendemos el verdadero significado de la navidad. Suena a la típica película de un señor ejecutivo metido en su trabajo, que solo piensa en sí mismo, y que habla por teléfono desde su coche lujoso con un acreedor, mientras le va dictando a su secretaria una lista enorme de regalos. De repente Papá Noel, o alguien relacionado con él, pone a alguien o algo en su vida para que comprenda que la navidad no significa regalar, regalar y gastar. Es eso, parece estar sacado de la típica película americana que ponen todos los años por estas fechas en Antena 3 los domingos, no obstante, lo más triste de todo, es que es verdad. Solo que no hace falta irse a las calles más hermosas de los Ángeles, Nueva York o Chicago, ni buscar a un ejecutivo trajeado para ver esto. podemos salir a la calle y veremos centros comerciales repletos de personas, anuncios por doquier de juguetes que todos los niños y niñas desean tener... ¿Dónde está el mensaje de paz y armonía que se transmite en estas fechas?, ¿qué necesidad hay de buscar los mejores regalos para los reyes?, ¿por qué resumimos el nacimiento de una persona inteligente y de gran fondo humano en una especie de fecha más para justificar el desmadre?
Siempre me he preguntado por qué a las personas les cuesta tanto llevar una vida repleta de amor que les llene de paz, sé que suena utópico, pero muchos de los grandes pensadores, comenzaron por crear una utopía, y no sé si nos hemos dado cuenta, pero estamos festejando el nacimiento de una persona que precisamente defendió una utopía con amor, ternura y paz... y eso... lo llevó, tristemente, a la muerte. Creo que lo he dicho muchas veces pero para mí el amor, los sentimientos que puedes llegar a sentir por una persona, ese amor tan grande, es la mayor prueba de la existencia de Dios (1Jn 4, 16: Ho Theòs agàpe estín, “Dios es amor”), si todos llegáramos amar de esa forma tan plena y sin pedir nada a cambio, encontraríamos esa espiritualidad (San Agustín: Dilige et quod vis, fac, “Ama y haz lo que quieras”). El amor es el camino, ayudar a las personas, vivir en paz, respetarnos, tolerarnos, compartir nuestras ideas, tener más puntos de vista... No lo puedo evitar, soy utópica, del grupo de mi gran amigo Tomás Moro, pero considero que esta utopía es más real de lo que pensamos, y está más cerca de lo que nos imaginamos. Un hombre fue capaz de amar, perdonar, vivir en paz, y morir por sus ideales creyendo en Dios, ¿Y si Dios está más cerca de lo que pensamos? ¿Y si la palabra de Cristo era una metáfora que se encuentra en nuestro interior y solo hay que aprender a usarla? ¿Y si nos estamos equivocando en el sentido que le estamos dando a esta festividad? Cambiamos lo espiritual por lo material, sin pensarlo, sin meditarlo... y vaciamos de contenido a lo que, verdaderamente, tiene un sentido maravilloso. Esa es la pena. 
Quizá estos tiempos difíciles, nos ayuden a darnos cuenta de muchas cosas, a pensar que podríamos hacer un mundo mejor. Se dice que por el miedo que provocaba la noche a nuestros antepasados, la angustia de la oscuridad, el ser humano necesitó la oración, los himnos y los ritos para poder sentir que algo o alguien les protegía desde los cielos, y puede  que todo empezara por ese miedo, la necesidad de que hubiera algo que les guiara en un camino de negrura... no lo sé, pero este año, me gustaría empezar mi carta a los reyes de esta manera.

Queridos Reyes Magos:
Os pido que repartáis paz y amor por todo el mundo, que ayudéis a todas las personas que necesitan sentirse arropadas, que llevéis alegría a aquellos que necesitan el valor de una sonrisa para volver a ser felices. Que cubráis de fantasías, sueños y luz los caminos de aquellos que se encuentran perdidos en un agujero negro. Y que protejáis a todas las personas que quiero, y a las que me quedan por querer.

Corta y simple, no pido más, este año, esos serán mis grandes regalos. Pero qué puede decir una adolescente de 18 años que exprese el verdadero significado de la navidad, o qué datos históricos puede dar un simple proyecto de filóloga clásica como yo, mejor les dejo con un experto en latinajos, mundos clásicos y civilizaciones no tan perdidas, porque estoy segura de que todo lo que yo he intentado, a mí manera, transmitir en esta humilde entrada, él sabrá demostrar con más elocuencia que yo: De magos, mulas y bueyes, un artículo de mi maestro Francisco Antonio García Romero, espero que les guste. 
Con este maravilloso documento, pongo el broche final a esta entrada y les deseo a todos/as:

FELICEM NAVITATEM DIEM ET PROSPERUM ANNUM NOVUM



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